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Terapia Familiar

La terapia familiar sistémica es un método de psicoterapia que interviene reuniendo a los miembros de la familia para que encuentren maneras constructivas de ayudarse mutuamente y resuelvan problemas que inevitablemente, comparten. El / Los terapeuta(s) da(n) oportunidad a las familias a elaborar y potenciar sus recursos. Reconoce la importancia del contexto familiar y relacional de los individuos y por lo tanto respeta y comparte sus diferentes perspectivas, creencias, visiones y narrativas, explorando posibles vías de avance y cambios positivos. A la vez que facilita cambios positivos del conjunto, apoya también el desarrollo de cada miembro individualmente.

La terapia familiar ha demostrado ser de enorme beneficio en momentos de crisis, siendo la familia hoy considerada el recurso más potente al alcance de los individuos que quieren superar, conjuntamente y con éxito problemas importantes a nivel psicológico o médico. Dado que en un proceso de terapia familiar se trabajan simultáneamente varias relaciones, esta suele ser más efectiva que cualquier otro tipo de terapia en términos de recursos, tiempo y obtención de cambios positivos.

En la mayoría de los casos es un proceso de terapia breve (10 a 12 sesiones). Los encuentros suelen realizarse con una frecuencia quincenal y duran aproximadamente una hora, y no en todas las sesiones acude toda la familia, sino que se convoca a los miembros que considere oportuno según el tema que se esté trabajando. Inicialmente, en una primera fase, la de evaluación, considerada por separado (2 a 4 sesiones), se considera imprescindible que todos los miembros estén presentes. Es, preferencialmente, una etapa con una frecuencia semanal.

Las áreas donde se recomienda la intervención familiar incluyen:

- Relaciones familiares problemáticas y cambios en la vida familiar;
- Salud mental de niños y adolescentes;
- Apoyo a los miembros familiares que atraviesan un proceso de separación o divorcio;
- Trastornos de la conducta de los hijos, incluyendo problemas de atención e hiperactividad;
- Trastornos emocionales como ansiedad, depresión y duelo;
- Trastornos psicóticos;
- Anorexia, bulimia y otros trastornos alimentarios;
- Adopción o acogida de niños;
- Violencia doméstica;
- Abuso de alcohol u otras sustancias;
- Procesos de inmigración y adaptación cultural;
- Cambios significativos en el ciclo vital (nacimiento de hijos, jubilación, emancipación de hijos, cuidado de personas mayores/dependientes, duelo…).